Friday, April 3, 2009

La Santa Muerte: Folk Catholicism Meets Law Enforcement

Mexican law enforcement authorities have decided to take the war on drugs to the spiritual level. Five shrines were destroyed on March 21st around Tijuana and Rosarito Beach, four of them devoted to La Santa Muerte and one to Jesús Malverde, another popular folk saint whose followers include drug traffickers. Two days later, near the Texas border, federal and municipal authorities destroyed 34 Santa Muerte chapels that had proliferated in the past couple of years along a national highway linking Monterrey and the border city of Nuevo Laredo.

Followers of La Santa Muerte are not just drug traffickers, though. Indeed, the cult has developed more as a parallel structure to the institutional Catholic Church. According to José Manuel Valenzuela Arce, a researcher at the Colegio de la Frontera Norte in Tijuana, most of La Santa Muerte's devotees are Catholics, who also venerate the Virgin of Guadalupe. He believes that people are turning to La Santa Muerte and similar nontraditional "saints" because traditional government and religious institutions are not meeting their needs.


This view is also supported by Gabriela Galindo, co-editor of the online Mexican arts journal Réplica 21. She believes Santa Muerte appeals to Mexicans involved in delinquent lifestyles, who have faith but who feel "unworthy" of the "official" God of the Vatican and thus create their own altars and saints: "This is how the image of Saint Death has become in recent decades a symbol and icon of those rejected by the power of the Church and of the State," she says.

"Sin embargo hacia la década de los 70 del siglo pasado, el culto a la muerte tomó un nuevo giro: como una transgresión. Surge a partir de un mito popular en el que por allá de los años sesenta, un campesino de Veracruz declaró la aparición de la imagen de la Santa Muerte en la parte lateral de su casa. Este campesino, pensando que era un milagro le pide al cura de la localidad que la santifique, pero éste asustado de la imagen, la califica como un acto diabólico y lo rechaza. Al igual que otros cultos populares, tales como la veneración a Jesús Malverde en Sinaloa (una especie de Robin Hood que robaba a los ricos para repartir el botín entre los pobres), y el cual ya cuenta con más de tres o cuatro iglesias erigidas en su honor; o la leyenda de Juan Soldado en Tijuana, un supuesto asesino confeso que después de ser ejecutado se le concede la duda de su culpabilidad, pero dado que la ejecución ya se había llevado a cabo, la comunidad arrepentida y culpable le rinde honores e incluso lo consideran un "santo milagroso"; estas representaciones se convierten en figuras tutelares de gente que lleva una vida marginal incluso rayando en la ilegalidad y la delincuencia, pero que tiene devoción y fe, sin embargo, de acuerdo a la doctrina católica son indignos del Dios "oficial" del Vaticano, y de ahí la creación de sus propios altares y santos protectores.

Es así como la imagen de la Santa Muerte se ha convertido en las últimas décadas en una especie de icono simbólico para aquellos que son rechazados por el poder de la Iglesia o el Estado. A ella habrá que hacerle un altar, rezarle y ofrendarle cuando se tiene una actividad en la que se pone la vida en peligro (ya sea un lava-vidrios o un narcotraficante), para poder robar sin ser capturado o por el contrario, recuperar objetos robados, encontrar personas secuestradas o al asesino de un ser amado. La Iglesia Católica los considera como satánicos y sus fieles son catalogados como delincuentes a priori."



The cult is organized by a group with a Catholic-sounding name "Iglesia Católica Tradicional MÉX-USA, Misioneros del Sagrado Corazón y San Felipe de Jesús", led by "Archbishop" David Romo Guillén. Romo has stated that he does not consider his group to be heretical, though he adds: "Para nosotros, no nos hace más, ni menos (católicos) esta situación, es más, hay un lema que dice ´lejos de Roma y cerca de Dios´ y nosotros preferimos estar cerca de Dios y lejos del Papa".



The official Catholic Church, however, considers the cult to be diabolical at worst and, at best, considers its followers to be misguided. Hugo Valdemar Romero, a spokesperson for the Archdiocese of Mexico City, stated that the Church did not order the destruction of the shrines, but added: "No es ningún secreto que esa devoción (la Santa Muerte) es identificada con el narcotráfico y la delincuencia organizada... esta denominación no sólo es supersticiosa sino diabólica". Mons. Rafael Romo Muñoz, the Archbishop of Tijuana, while condemning the destruction of the shrines, made it clear that devotion to La Santa Muerte is a mortal sin and said he believes those who promote the cult are financially motivated. The bishop of Ciudad Juárez, Renato Ascencio León simply called La Santa Muerte's followers "desorientados".


One thing is certain: While it is doubtful that the government's actions have done anything to stop the narcotraficantes, they have fueled the growth of the cult of La Santa Muerte by giving her legitimacy, they have renewed the debate over freedom of religion in Mexico, and they have ignited a new Holy War between La Niña Blanca's followers and the Roman Catholic hierarchy. Romo has called for his followers to descend on the Zócalo tomorrow. “Este año será el Domingo de Ramos de la Santa Muerte. No valen los argumentos de que somos otro grupo o tenemos intereses diferentes, esta lucha es por nuestra fe en la Santísima. Llegó la hora de que los devotos se den cuenta quién realmente cree de corazón y quién está por negocio”.



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